domingo, 5 de julio de 2015

Otra de barrancos vascos franceses

Mi gran reencuentro con los barrancos.


364 días antes me rompí el tobillo. En ese momento no imaginaba que me pasaría un año entero sin ponerme un neopreno. Mi objetivo para 2014 se quedó pendiente. No puedo decir que esté totalmente recuperado, porque ni la flexibilidad ni la forma física son las mismas. Poco a poco. Hay que recuperar, y ¡qué mejor forma que bajando barrancos! Aunque no lo parezca, de lo que más me costó fue dejar en casa a Lucas y a su mamá.

6 miembros del club nos animamos esta vez. Alguno más se tuvo que quedar en tierra por trabajo, cosas que pasan... Para un grupo así, y sin complicarnos mucho la vida, repetimos alojamiento en los chalets de Iraty. No están muy cerca de los barrancos, pero nos permiten tender los neoprenos, cocinar y tal.

Chalet Arlas 1.

Phista

Ya había pensado en él el año pasado, pero no hubo tiempo. Así que nos fuimos allí de cabeza. La larga pista de aproximación empieza a la salida de Larrau. El camino es siempre evidente. Los franceses dicen que no entres si tu coche lleva alerones. La verdad es que el camino no está para entrar con un deportivo, pero no hay ningún problema para cualquier turismo normal y un pelín de cuidado en los badenes.

Según una ordenanza municipal, hay que entrar en el cañón después de las 10 de la mañana y haber salido antes de las 18 h. Cumplimos escrupulosamente entrando a las 10:01.

La entrada no promete mucho, al tratarse de una obra de drenaje del camino, pero resulta curiosa.

Entrada al Phista.

Phista es uno de los barrancos más resbaladizos que conozco. Pobres Pablo y Pedro, que no iban calzados de amarillo. Afortunadamente no hubo que lamentar ningún resbalón serio. El caudal era suficiente para disfrutar, sin molestar en ningún punto ni resultar demasiado escaso, y el agua no estaba fría.

Enseguida empiezan los destrepes y un primer tobogán, aparentemente inofensivo. Pero al salir de la marmita tropezamos con algo en el fondo: un IPN120 o así, bien inscrustado en el fondo. Ojito con hacer el tonto en esta primera marmita.

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Sin interrupciones, el barranco sigue con rápeles cortos, destrepes y algún saltito pequeño.


Rápel bajo puente vegetal.

Matapinos luchando contra el desmesurado caudal. No es que cubra 1 metro, es que él es jugar profesional de waterpolo.

Phista termina en una rápel de 13 metros que algunos años es saltable. Esta vez, la marmita de recepción cubría 2 metros escasos, por lo que activamos el modo gallina y rapelamos todos. Y dos franceses que venían detrás, también. Nos dijeron que en 2014 la profundidad era de poco más de 1 metro, así que ojito con hacer caso a ciegas a las reseñas que dicen "saltable".

20 metros después, unas cuerdas en la margen izquierda nos indican la salida del barranco. En poco más de 15-20 minutos llegamos de nuevo al coche.


Ojo natural visible desde la senda de retorno.
99, ya sólo faltaba uno...

Zitziratze

Lo había visto en el mapa de P. Gimat y no me había llamado la atención. En un momento de lucidez o de curiosidad bicheé por internet y vi algún rápel guapo. También leí que el camino normal de aproximación desde el puerto de Larrau estaba cortado por desprendimientos de troncos. Mirando en google maps descubrí que Zitziratze termina en el pequeño embalse de Olhadoko. Y se ve una pista que subía desde la aproximación al Phista hasta la presa del embalse. Entre ambos puntos sólo hay 2 km de distancia. Todo lo malo fuese que nos tocase andar media horilla de más...

Comimos un poquito al acabar el Phista y nos dirigimos hacia la presa de Olhadoko. El camino es muy pendiente y el coche se quejaba, pero conseguimos subir sin mayores problemas casi hasta la presa. Aparcamos en un ensanche del camino unos metros antes de una última bajada.

Un cartel prohíbe el acceso por las escalerillas de la presa y no hay sendero que bordee el embalse, pero con unos neoprenos en la mochila y siendo gente imaginativa, conseguimos plantarnos en el final del barranco. Desde aquí, no hay más que seguir la antigua pista que remonta el barranco hasta que lo cruza en un puente. En este punto entramos nosotros al agua, inicio del tramo inferior.

Hierba a la izquierda, bosque a la derecha.

La primera parte es muy horizontal, con ladera herbosa en la izquierda y bosque en la derecha. Deportivamente, el interés no pasa de algún pequeño tobogán, pero estéticamente es una zona bonita entre bosque.

Tramo estético entre bosque. Roberto busca la paz interior... o un mosquetón, no sé.

Tras unos 15-30 minutos de paseo, aparece el primer rápel. El barranco promete. Las marmitas de estos primeros rápeles no cubren demasiado, pero permiten algún pequeño salto. No desde luego como para no sacar la cuerda.

Primer rápel. Desde arriba promete, pero no cubre.
El plato fuerte del descenso llega poco después, con un rápel de unos 20 metros. La marmita del fondo sí es profunda. Se desciende junto al chorro; no molesta, es precioso.


Según desciendo, veo una repisa en un lateral. No puedo dejar escapar la oportunidad de sacar un saltito. Me suelto de la cuerda y a por él. No es un gran salto, pero para mí es un símbolo de mi reencuentro con los barrancos tras la lesión. Y ya son 100 barrancos (que no 100 descensos...). ¡Cómo ha cambiado mi vida en un año! ¡Va por ti, Lucas! Espero volver algún día contigo y con tu mamá.

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Algunos destrepes y rápeles más, que intentamos salvar saltando pero se resisten.

Mitad rápel, mitad salto.

En cuanto recibimos un afluente por la izquierda ya se ve el agua azul del embalse al fondo. Ya sólo nos queda cruzarlo a nado para llegar al coche.

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Ourdaybi

5 de la tarde. Llevamos ya dos barrancos. ¿Nos vamos a por unas cervezas en una terraza o ya que estamos aquí...? La duda ofende. Un mordisco rápido y de vuelta al coche. Pablo ya anuncia que por hoy vale, así que le pedimos que nos haga la desaproximación de al menos un coche. Ante la amenaza de partirle las dos piernas, él acepta amablemente.

Para llegar a Ourdaybi tenemos que volver a Larrau e ir por carretera hasta St. Engrace - La Caserne. Aquí cogemos una carreterilla que atraviesa el fondo del valle y sube por la otra vertiente. Tomamos el primer cruce a izquierdas y enseguida cruzamos sobre el barranco. El coche de llegada nos esperará en la siguiente horquilla a izquierdas.

Seguimos subiendo por el camino más evidente, recto en todos los cruces. 3 km después, en una nueva horquilla a izquierdas, un cartel nos indica el inicio de la aproximación a pie.

Disfrazados ya, nos dirigimos hacia el fondo del valle. En el bosquecillo que se ve a la izquierda hay unas cuerdas fijas con una instalación pintoresca que nos ayudan a bajar al cauce.

Podríamos calificar el caudal que nos encontramos como bajo. Corre agua suficiente, templadilla, que no molesta en ningún punto y permite descender en todo momento por el chorro. Lamentablemente, en cuanto pisamos el fondo, el agua se enturbia.

El barranco está correctamente instalado, pero da la impresión de que alguna crecida se ha llevado algún bloque en un par de cabeceras y ahora hay que ser muy alto para alcanzarlas. Eso, o usar un poquito de ingenio. Hay alguna zona con mucho tronco y un gran desprendimiento en la ladera derecha. cerca del final.

Aunque no tenga ningún salto, estéticamente es el barranco que más nos gustó de los tres. Lástima que la cámara estuviera ya cansada de la jornada. Además era ya tarde y no habrían salido bien las fotos.

El último tramo, que consiste en andar por el cauce entre paredes de 100 metros, termina haciéndose largo, pero sin llegar a ser pesado. Poco después de pasar por encima de un coche arrugado, aparece una antigua canalización a la derecha por la que abandonamos el barranco, llegando a la carretera a los pocos minutos. Sólo quedaba media horita de luz, señal de que habíamos aprovechado el día de sobra.


Errekaltia

El hermano pequeño de Althagneta nos pareció buena opción para el domingo, antes de volver a casa. Su mayor engorro es la combinación de coches, que obliga a recorrer varias veces los 10 km entre el párking de Kakouetta y la entrada a Errekaltia. ¡Pero nos ahorramos gran parte de los tábanos de hace dos años!

Pasando la entrada a Ourdaybi, enseguida la carretera se convierte en camino pedregoso. Un par de km después, tras una curva cerrada a derechas, aparece un ensanche de una pequeña cantera. Aquí dejamos el coche. El arroyo que hay debajo es Errekaltia. Pero para entrar debemos seguir por camino o senda cresteando por la izquierda desde la curva cerrada del camino. Nosotros entramos un poco más arriba de lo deseable y nos tocó perder 10 minutillos esquivando matojos. Nada grave.

Primeros rápeles arrampados.

El barranco empieza con rápeles entre bosque y poco a poco se va encajando y verticalizando.

Rápeles ya encadenados.
Poco a poco los rápeles se van haciendo más seguidos. No hay tiempos muertos, y como llevábamos varias cuerdas, siempre teníamos un par de ellos instalados. Se nota que los miembros del grupo vamos cogiendo experiencia y la gestión de cuerdas fue muy ágil. No olvidemos que éramos 6.

El rápel más bonito, aunque desde arriba no parece nada extraordinario.
Pero desde abajo sí.

Lo mejor del barranco está en el medio. Es uno de estos progresivos, que poco a poco te va metiendo en materia, y luego poco a poco se va despidiendo.

Alumnos recibiendo una lección sobre instalación de rápeles: "Hay que pasar la cuerda por este agujero de aquí".

El último rápel vertical, muy estético.

Creo que a alguno no le quedó clara la lección.
Errekaltia muere en Kakouetta poco después del último rapelillo. Nos quedan unos pocos minutos hasta alcanzar las pasarelas turísticas y las miradas de circunstancias de los transeúntes. Cierto que lo de andar saltando a las pozas y metiéndose bajo las cascadas contribuye a que nos miren como a bichos raros...

Dos individuos a punto de sufrir una congelación del cerebro.
Una horita escasa de paseo hasta el coche, comida y vuelta a casa.

El grupo al completo.


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