lunes, 15 de julio de 2013

Barrancos en el País Vasco francés


Llevaba tiempo con el ojo echado a la zona de la Piedra de San Martín, con sus barrancos de nombres impronunciables. Había oído maravillas de Althagneta, y por fin se unieron las condiciones para acercarnos por allí. Aproveché uno de mis fines de semana largos, de acuerdo con los turnos del curro, y busqué un chalet para alojarnos cerca de Larrau.

5 socios del club nos animamos a participar. Demasiado pocos para el sobrecoste de un segundo coche que nos facilitaría algunas aproximaciones, pero no nos importaba caminar un poco más. Entre ellos, dos participantes en el reciente curso de iniciación a los barrancos. Esta salida les vendría muy bien para ir cogiendo experiencia.


Trayecto


Entre pitos y flautas, hasta las 5 de la tarde no salimos de Aranda. Todavía no tengo claro cuál es el mejor itinerario para llegar a Pamplona. Esta vez optamos por Vitoria. El peaje de la AP-1 sería menos doloroso entre 5, y aún así hicimos la pequeña trampa de salirnos en Pancorbo para volver a entrar en Ameyugo, y así ahorrarnos el último tramo de pago hasta Armiñón, pues los recorridos en torno a Miranda sólo son gratuitos entre estas salidas; si vienes desde Burgos, lo pagas todo completo. Llegando a Pamplona, alrededor de nosotros coches bastante "fiesteros" por la autovía: último fin de semana de los Sanfermines.

Pasado Pamplona, cogimos la autovía de Jaca hasta Lumbier. Desde aquí, carreteras comarcales por Navascués, Escaroz y Ochagavía, con una parada para tomar un refrigerio en Oronz. Pasamos a Francia por el puerto de Larrau. Tras el empinado descenso, una nueva subida al puerto de Bagargui para llegar a los Chalets de Iraty, nuestro destino.

Mapa de la zona, con nuestro alojamiento y los descensos realizados.


El alojamiento


Les Chalets d'Iraty es un complejo de chalets o cabañas de todas las formas y tamaños, esparcidos en torno al puerto de Bagargui. El nuestro tenía un salón-comedor con cocina, chimenea, frigorífico, lavavajillas y microondas. En la planta baja, una habitación con el único baño, y en la planta alta, a modo de buhardilla, dos habitaciones contiguas. Fuera había un cobertizo lleno de leña y una mesa con bancos para poder comer al aire libre.

Interior de nuestra cabaña. No pudimos resistirnos a encender la chimenea.


A pesar de llegar hacia las 21:40, después de la hora de cierre, una persona nos esperaba para acogernos. Sin embargo, lo primero que me puso sobre el mostrador fue un hacha. -¿Eso es la llave? - pensé. - Estos vascos...- No, la llave me la dio después. El hacha es para cortar la leña para la chimenea, que va incluida en el precio. Lo que no incluye el precio es una fianza de 100€ que te devuelven (más bien, no te cobran) si al irte dejas todo limpio y ordenado. Me informaron de la situación del bar, la tienda y el restaurante, y me indicaron que podíamos reservar pan para el día siguiente, y que antes de irnos avisásemos para que revisaran el estado del chalet y así devolvernos la fianza, si procedía.

No nos pareció muy barato (éramos 5 en una cabaña para 7), pero la verdad es que el sitio está bastante bien.


Cañón de Olhadubie


El sábado nos levantamos bien prontito para este descenso, con la idea de empalmarlo con el cercano Phista, si se nos diese muy bien la cosa. A las 8:30 estábamos ya aparcados junto al albergue Logibar, en la carretera de Larrau a Tardets.

Mapa de acceso al cañón de Olhadubie.

La aproximación es cómoda y evidente. Tras dejar el coche, en el albergue Logibar, o en otra explanada 200 m dentro del valle del Holtzarte, seguimos el GR-10, que remonta por la derecha orográfica del río. Unos 15 minutos después, comienza a ascender, separándose del cauce. A este punto de la senda llegaremos en el retorno. La senda sigue ascendiendo hasta que al rato vemos la unión del valle del Olhadubie con el Holtzarte y, poco después, la famosa pasarela, a 137 m de altura sobre el lecho del barranco. La cruzamos y seguimos ascendiendo hasta un cruce con un camino. Desde este punto, hacia la izquierda, sólo nos queda llanear durante media hora hasta cruzarnos con el Olhadubie en una pequeña pasarela. Todo este recorrido es parte de una senda circular con salida y llegada en el Logibar. Nosotros hicimos los 6 km de distancia en algo menos de 1:30, a buen ritmo, con 5 minutillos de contemplación en la pasarela.

Pasarela de Holtzarte.


Existe una forma de ahorrarse algo de la aproximación mediante combinación de coches, subiendo por caminos para dejar uno de ellos por una zona llamada Ardakhotxea, pero en mi opinión, y aunque no la he probado, no merece la pena. El tiempo que te ahorras de caminata lo gastas en mover los coches.

El cañón de Olhadubie es, sencillamente, impresionante. Quitando unos pocos tramos, no posee una gran continuidad en lo deportivo (rápeles, saltos...), pero sí en lo estético. Yo no había visto antes un encajamiento igual entre paredes tan altas, y tan largo. En otros descensos largos, como Gorgas, puedes buscar escapatorias, aunque sean engorrosas; aquí no las hay. La mayoría de rápeles se concentran en el primer tercio de barranco, entre ellos el R25 que se rapela por el chorro y el R35, los más estéticos. Las instalaciones son más que correctas, con anclajes (dobles) para pasamanos recuperables en muchas ocasiones. En algún punto existe algún roce, pero con llevar una fundita, asunto arreglado. En su parte media presenta un tramo realmente oscuro, sorprendente e inesperado.

video


La nota negativa de este barranco es su gran longitud. En la segunda mitad, salvo pasos puntuales, se trata de caminar por el lecho pedregoso del barranco o por sus márgenes, tratando de evitar las rocas resbaladizas. Reconozco que se hace largo y, a ratos, hasta pesado. Pero basta con parar un segundo, mirar hacia arriba, y disfrutar un momento de las vistas.

Un afluente.

Rápel-tobogán.

Uno de los escasos saltos.


Cuando por fin vemos la pasarela de Holtzarte, allí arriba, lejos sobre nuestras cabezas, es que nos queda poco ya. Un último rápel antes de la desembocadura, y luego otro tramo de randonée aquatique hasta que vemos la senda de aproximación.

Creo recordar que llegamos al coche a eso de las 18:30, lo que significa que el barranco se nos llevó 10 horas en total. Solamente paramos un par de veces a comer unas barritas durante 15 minutos, pero sí se nota el ser 5 personas en lugar de 3, habiendo en total unos 15 rápeles. La hora, dos pequeñas lesiones y la posibilidad de disfrutar unas cervezas en el Logibar pudieron con el Phista, que se queda para otra ocasión.


Althagneta - Kakouetta


El otro gran descenso de la zona, al menos por fama. En la recepción me habían dicho que todavía llevaba agua, así que no había mucho más que pensar. Ourdaybi, Oilloki, Errekaltia, Harzubia... para otra ocasión.

Como había que recoger, salimos después de las 9 del chalet. Dejamos el coche en una explanada para aparcar autocaravanas junto a la entrada a las pasarelas de Kakouetta (entrada de 5 € si las quieres visitar). Para ascender hacia Althagneta se trata básicamente de seguir en todo momento el GR-10 (realmente, debíamos seguirlo, pero se nos traspapeló un poquito al principio, sin grandes consecuencias). Desde el aparcamiento, bajamos por un camino medio asfaltado hasta cruzar el río por un puente (¡qué ganas de saltar a ese agua azul!). Desde aquí, seguimos subiendo por el camino hasta que empieza a descender, momento en el que decidimos cortar por un prado hacia arriba, buscando la carretera (éste es nuestro punto dudoso). Por encima del prado, junto a la alambrada, recuperamos el GR-10, que sale a la carretera.

Mapa de acceso a Althagneta sobre ortofoto.

En la carretera, horquilla a derechas y cruce en horquilla a izquierdas. Desde aquí, la seguimos durante una media hora. Un nuevo cruce a izquierdas y la carretera muere entre unas casas. La senda continúa ahora por bosque, o bajo dos hileras de arbolillos, siempre subiendo, hasta salir a unos prados. Estamos ante un pequeño valle que desciende hacia Kakouetta. Debemos seguir más o menos sin ganar ni perder altura, hasta cruzar el lecho del arroyo y continuar subiendo nuevamente. La senda se reúne con una pista amplia, que abandonamos en un nuevo cruce con horquilla a derechas. Ya sólo nos queda seguir el camino llano que sale de frente, hasta que cruza el barranco unos 5-10 minutos después.

Existe la posibilidad, y esta vez sí parece interesante, de ahorrarse toda la subida excepto los últimos 5-10 minutos, si tenemos dos coches. Creo que se trata de seguir la aproximación al Ourdaybi desde La Caserne, siguiendo más arriba hasta encontrar el último cruce que he mencionado.

Recomiendo muy mucho proveerse de repelente de insectos o de una armadura medieval si se opta por la aproximación a pie: la zona está infestada de tábanos sedientos de sangre. No son muy grandes ni sus picaduras muy dolorosas, pero son legión. Así que en cuanto llegué al arroyo, al agua fresquita a aliviar las picaduras y colocación del neopreno en tiempo récord para defenderme de esos bichejos inmundos.

El descenso comienza entre bosque, con unos destrepes por bloques. El primer rápel está instalado con una placa semi-roñosa y un cordino atado a una piedra empotrada, pero el resto del barranco está bien instalado, con placas con cadena y algunos químicos. Un rápel-tobogán de 20 m y poco a poco el barranco se va encajando, hasta llegar al plato fuerte: un primer rápel de 4+13 metros nos deja en una marmita colgada que desagua por un agujero en su fondo. Desde aquí, 35 metros de descenso y en la base del circo un nuevo rápel-tobogán de 30 metros (La marmita cubre, yo diría que a lo mejor no te matas del todo si lo toboganeas, pero no seré yo quien lo pruebe...). Esa marmita es trampa, pero nosotros la pillamos llena. Desde aquí, el cauce es amplio, con grandes bloques y algún rápel más hasta la confluencia con Kakouetta. Aún con caudal bajo, es un descenso precioso, que se merece plenamente los 4 corazones de P. Gimat (y si hubiese un 5º en la escala, también).

Carácter muy encajado.
La marmita colgada.



Rápel de 35 m, con el chorro saliendo de un agujero en la pared.



Roberto dándose una ducha ante la mirada de los transeúntes.
Tras la larga pateada por Olhadubie, temíamos que más que con Kakouetta, nos tocase pelearnos con Kakotta para llegar al coche, pero es un tramo que no se hace pesado. Hay muchos destrepes entre grandes bloques, y alguna instalación para rapelar, pero todo puede destreparse, o incluso saltar con cuidado (profundidad menor de 1,25 m, fondo arenoso). Antes de que podamos aburrirnos, nos encontramos con las pasarelas turísticas, junto a las cuales todavía podemos pegarnos algún chapuzón, para deleite con cara de circunstancias de los transeúntes. Desde aquí, si no se le tiene miedo a los tábanos y se regresa por las pasarelas, el neopreno sobra, pues hay un cartel que indica prohibición de bañarse en el lago. No cobran los 5 € a la salida, pero los empleados no miran con excesiva simpatía.






Regreso


Desde Santa Engracia, optamos por cruzar el puerto de la Piedra de San Martín para volver a España. Paramos arriba a comer, contemplando el paisaje kárstico, mientras no dejaba de pensar en todo lo que había bajo nuestros pies, su importancia en la historia de la espeleología, y dónde estaría la entrada tradicional al sistema.

En vez de volver por Pamplona, pasamos por Sangüesa, Olite, Ágreda y Soria. ¿Más corto? Sí. ¿Más rápido? Pues eso ya no lo sé.

De nuevo, un fin de semana fantástico. Grandes barrancos, muy buena compañía y hasta buen tiempo.



domingo, 7 de julio de 2013

Paseo por la Torca de los Morteros


Había ya ganas de espéleo. No había preparado ninguna salida desde el curso de progresión vertical de Abril, y todavía no había probado el nuevo invento de Tubi para la iluminación de mi casco. También me parecía adecuado pensar en algo asequible para los que hicieron el curso, pues sin práctica, las cosas se olvidan. Pero estoy un poco cansado ya de las simas del Cañón del Río Lobos, así que pensé en un paseo por lo esencial de la Torca de los Morteros, incluyendo algún rincón que yo tuviese pendiente.

Así, podríamos comenzar por recorrer el Primer Piso, bordeando el P120 hasta la cabecera del Pozo Amable, bajar al Segundo Piso y asomarnos de nuevo al P120, y desde la Encrucijada, optar por el Tercer o el Cuarto Piso, hasta donde el tiempo, el material y las ganas nos permitiesen.

Alzado extraído de la página de la FEE.

Con estos planes, finalmente sólo nos juntamos 4 socios, de los cuales únicamente uno de ellos había participado en el curso de progresión vertical (En fin...).

Salimos de Aranda prontito, para tratar de volver a dormir a casita. Con una única parada para el abastecimiento de pan en Espinosa, subimos por la Sía para dejar el coche en una pequeña explanada de hierba junto al lugar donde arrancaba un teleski hace ya unos cuantos años. Hoy en día no quedan más que algunas pilonas oxidadas.

Ya que estábamos allí, decidimos visitar la sala de entrada de la Cueva de Imunía, la otra entrada del sistema, simplemente por mostrársela a mis compañeros. A pesar de la sequedad exterior del terreno, se nota que el invierno y la primavera han sido muy húmedos, y a estas alturas del año aún corre bastante agua por los arroyos que recorren esta sala. Pero éste no era nuestra objetivo, así que rápidamente nos dirigimos a la Torca.

Con el calor exterior, era muy agradable meter la cabeza en el pozo de entrada y notar enseguida el aire frío del interior. Un único fraccionamiento a unos 8 metros de la cabecera hace que este P25 de entrada sea muy cómodo para la progresión. Mirando hacia abajo, según instalaba, no podía creer lo que estaba viendo: ¡en el fondo aún quedaba nieve! ¡En Julio! Vale, era sólo un neverín de unos 50x50x50 cm, pero ahí resistía el testigo del invierno histórico que por fin había terminado.

Siguiendo los planes, nos dirigimos hacia el P120. Instalamos el resalte de acceso y nos encontramos un pequeño pasamanos ascendente con una cuerda fija anclada de forma peculiar... Pero al fin y al cabo, no es más que un quitamiedos. Enseguida alcanzamos la cabecera del Pozo Amable. Reconozco que, con todas las veces que he rondado por allí, es un lugar que me sigue dando... ¿miedo? Y es que 233 metros totalmente verticales son muchos metros.

Desde allí, vuelta hacia la grieta de unión con el Segundo Piso. Existen varios agujeros por los que bajar. Nosotros instalamos una pequeña cuerda en el situado más lejos de la entrada, si bien todos ellos son destrepables con precaución. Tras unos trepes, destrepes y pequeños arrastres, un P8 nos interrumpe el camino. Pero poco antes, por debajo y por un lateral se puede descender por un meandrillo sin necesidad de cuerda. De este modo nos plantamos en el aéreo P9 que nos deja en el Segundo Piso.

Desde aquí, siempre había seguido hacia la Encrucijada, pero esta vez aprovechamos para visitar el extremo oriental de esta galería, que se le nota mucho menos transitada. Mereció la pena el pequeño esfuerzo pues, aunque no sea nada espectacular, hay rincones interesantes.

De nuevo, vuelta sobre nuestros pasos hacia la Encrucijada. Nos asomamos a la ventana y seguimos hacia el P120. Pero antes nos encontramos una pequeña explanada de tierra, construida expresamente para un vivac, pues todavía se notaban las marcas de las esterillas, pero, sobre todo, los innumerables hongos que habían crecido aprovechando los restos de comida. Entiendo que es muy difícil recoger cada miguita de pan que se nos caiga mientras comemos, y que ese ingente aporte de nutrientes a la fauna cavernícola es algo involuntario (pero dañino); sin embargo, lo que no entiendo es lo de hacer un vivac estando a una hora de la boca, o a dos horas del coche (y sin disponer de todo terreno). Supongo que cada uno tendrá sus motivaciones...

Al asomarnos al P120, una nueva sorpresa aún menos agradable: los anclajes del pasamanos están señalados con spray amarillo fosforito. Esto sí que no me parece defendible. Entiendo que se pueda marcar un spit con, por ejemplo, una cintita de tela llamativa (es decir, algo no permanente) en mitad de un pozo enorme, para facilitar su localización. Pero lo de la pintura fosforita en estos spit, evidentes y muy fáciles de localizar, es totalmente innecesario.

Había terminado nuestro recorrido turístico pre-programado. A partir de aquí, la idea era continuar hacia el Cuarto Piso hasta que la cuerda o las ganas se nos agotasen. Pero recordé algo que me contó uno de los exploradores del sistema, y le hice caso, pudiendo disfrutar así de unas galerías fantásticas, prácticamente intactas y no visitadas por nadie desde hacía muchos años, a juzgar por el estado de los tacos que utilizamos. Allí están las formaciones y los juegos de colores más llamativos del sistema, en una especie de laberinto que nos dejó boquiabiertos. Llamadme lo que queráis, pero no desvelaré su ubicación, aparte de por respeto a este amigo, por los dos motivos que os he mencionado en los párrafos anteriores.

El caso es que se nos pasó la hora prevista para darnos media vuelta, pero la salida fue rápida, y llegamos al coche antes de anochecer, descendiendo por el camino más directo, hacia la traza del antiguo teleskí. Unos refrescos en Espinosa y a dormir a casita.

Una gran salida de espéleo, con la emoción de explorar rincones nuevos sin ayuda de una topografía.



lunes, 1 de julio de 2013

Introducción a la Espeleología 2013



Como cada año, nuevamente organizamos en el GER esta actividad para poder descubrir nuestra afición:





Comenzaremos con tres charlas formativas sobre aspectos relacionados con la espeleología, en las que veremos que esto no es solamente un deporte peculiar ni, como mucha gente cree, de "alto riesgo": técnica y material, geología kárstica e historia de la espeleología.
Por último, el domingo 21 realizaremos una travesía por una cueva de nuestra provincia. Será un recorrido fácil, sin complicaciones técnicas, en el que empezaremos a descubrir algunas de las maravillas que esconde nuestro subsuelo.


Información e inscripciones


Como pone en los carteles que hay por Aranda, los jueves a partir de las 22:30 en nuestra sede (C/ Santiago, 4, 1º izqda.), o bien contactando con Sergio (nuestro Presidente) o conmigo mismo. Hasta el 11 de Julio.



Resumen y fotos


8 participantes se han animado este año a acompañarnos, aunque dos de ellos finalmente no pudiesen visitar la cavidad.
Queremos pensar que no sólo disfrutaron, sino que aprendieron un poquito sobre este mundo escondido que nos apasiona.
Si alguno más queréis acompañarnos, no hace falta que esperéis a la próxima edición: pasaos por el club cualquier jueves por la noche o contactadnos por correo electrónico y estaremos encantados de resolver todas aquellas dudas que seamos capaces.

Y aquí, unas fotillos (o eso pretenden ser...) de este domingo:


Foto de grupo antes de empezar.

Cruzando el lago en bote.

Recogiendo los botes tras el lago.

La Galería de las Dunas.

De camino a la Galería del Anticlinal.

Contemplando las vistas nada más salir, desde el ojo natural.