domingo, 15 de septiembre de 2019

Ticino 2019


6 de enero de 2019. ¡Han llegado los Reyes Magos! Entre los regalos de papá, aparece un libro: ElDorado Ticino (en adelante, el Libro). Y, lo mejor de todo, ¡la autorización para usarlo! El Ticino tiene fama de ser una de las mecas europeas del barranquismo, con descensos plagados de saltos y toboganes, granito pulido y agua verde esmeralda. Una de esas cosas de mi lista de tareas pendientes para esta vida.

El Ticino es el cantón del sur de Suiza de habla italiana. Imagen de Google Maps.



Preparativos


Pocos meses después, un guasap de JaviL: "Ya hay grupo montado, nos vamos en septiembre". Alguna baja y algún alta sobre el grupo inicial forman finalmente un equipo de 5: JaviL de Guadalajara, Ángel de Ávila, Alberto de Córdoba-Madrid, y Esteban y yo de Aranda, del GER. Lo primero es buscar alojamiento. En primavera encontramos una casa en Iragna, en pleno meollo de las grandes estrellas de la zona. Otros pocos meses a esperar...

Situación de los principales barrancos, la casa y la base de HeliTV. Imagen de fondo extraída de Google Maps.

Agosto. Como no nos conocíamos todos entre nosotros, quedamos para hacerlo barranquísticamente en La Larri. El caudal era bajo para lo habitual y no necesitamos montar cosas extrañas, pero en mi caso fue suficiente para saber que Ángel, el único al que no conocía de antes, es un tío muy técnico y cuidadoso con el material. Esto pinta bien...

Por fin. Septiembre. Últimos preparativos. Alberto, con mucha ilusión (y tiempo) se ha empollado el libro y ha hecho una selección de descensos. En muchos de ellos es conveniente la combinación de coches, y en alguno, por no haber carretera ni pista, otros medios... Como necesitaremos coche por allí, y por economía, hemos descartado la opción avión para el viaje, que requeriría alquilar un coche, y relativamente grande. El viaje está planificado con la furgoneta de Ángel. Con el cofre, habrá espacio para todo y todos. Allí veremos si alquilamos un segundo coche, una moto, ¡o una bici eléctrica!

De España llevamos toda la comida, ya que Suiza no es cara, sino carísima.


¡En camino!


Ángel empieza en Ávila y nos va recogiendo en Madrid, Guada y Ariza. Salimos el viernes por la tarde-noche. Nos esperan muchas horas de carretera, en las que nos vamos turnando para conducir.

Desde Zaragoza seguimos por la AP-2 hasta Fraga. Aquí nos pasamos a la A-2, que es gratis, aunque muy bacheada los primeros km. En Cervera pasamos del navegador y cogemos la C-25, que va directa hasta Gerona. Desde aquí, autopista que ya no dejaremos hasta nuestro destino. No merece la pena tratar de ahorrársela en Francia o Italia: las carreteras son muy lentas, con mucho tráfico y pueblos. Imposible sacar una media de más de 60 km/h.

La ruta. Imagen extraída de Google Maps.

Elegimos la ruta que pasa por Nimes, Aix-en-Provence, Niza, casi Génova y Milán, para entrar en Suiza por Chiasso. Conviene llenar el depósito antes de cada frontera, ya que según cambiamos de país el precio del combustible va subiendo. Con ayuda de alguna web de precios actualizados de gasolineras, echamos gasoil en Niza, unos 20 céntimos más barato que en la autopista. En Italia también hay diferencias notables de precio entre echar en la autopista y salirse un poquito de ella.

Al entrar en Suiza hay que comprar la famosa pegatina para las autopistas. Creo que picamos y entramos en una tienda-cafetería en la frontera que lo anunciaba. Nos costó 42€, cuando creo que el precio son 40 CHF (37 €). No quisimos arriesgarnos a entrar en Suiza sin ella, pero a posteriori he leído que se podría haber comprado en la misma frontera, unos metros más adelante.

Con la itinerancia de datos desconectada, nos dirigimos a un centro comercial para comprar una tarjeta telefónica. La conseguimos en una tienda de móviles. Para nuestros intereses, la mejor opción fue una tarjeta de Talk-talk con un plus de 10 Gb de datos, válida por un mes. Nos costó 30 CHF. JaviL llevó un móvil adicional desde el que nos distribuía datos por wi-fi a los demás y nos bastó para toda la semana.

20 horas después de salir de Aranda llegamos a Iragna, nuestro destino. A pesar del cansancio, la excitación era enorme, al ir viendo desde la autopista los valles de Cresciano, Lodrino, Osogna, Iragna... ¡Qué juntos están todos!


La casa


No fue fácil encontrar un alojamiento adecuado. Entre los diferentes buscadores, aparecían bastantes casitas de buen aspecto en el valle, pero con un pequeño truco: ¡perdidas en la montaña! Y no podíamos gastar todos los días una hora en andar hasta el coche... También salían muchos alojamientos en los alrededores de Locarno. Luego pudimos comprobar que se tarda bastante en llegar desde las afueras de Locarno hasta Lodrino, por ejemplo.

Los precios son acordes a la economía suiza, pero conseguimos una casa en Iragna que, si bien carecía de wifi, importante por lo del roaming, estaba ubicada perfectamente, a 2 minutos andando del final de uno de nuestros barrancos: Casa Nineta. La casa tiene 5 plazas, dos de ellas en cama doble (en realidad dos camas juntas, no separables), cocina, baño y un pequeño salón. Pero lo mejor de todo era un piso inferior con dos habitaciones que podíamos usar como almacén y secadero de neoprenos. Hasta había juegos de mesa, por si hubiésemos sufrido un tiempo desapacible; no fue el caso. Y, dadas las circunstancias, el precio me pareció más que razonable. Quedamos muy contentos.

Desde el balcón, el final del Iragna, a unos metros.


Domingo 8: Val Cresciano - Boggera integral


Amanece lloviendo, y no poca cosa. Estuve consultando el tiempo y daban lluvias en los días pasados, incluso domingo. Nos habíamos acercado a ver el final del Lodrino, donde está la referencia de caudal según el Libro, y consideramos que se encontraba en modo Leyenda+ (léase "leyenda plus").

Hago un inciso para explicar que el Libro siempre ofrece dos imágenes de referencia de caudal de cada barranco:
  • Caudal normal, en general asequible para cualquier barranquero con suficiente nivel técnico y físico, y cierto hábito al agua: nuestro "modo Turista".
  • Caudal alto, apto sólo para grandes conocedores del descenso, con gran nivel técnico y hábito en aguas vivas: éste es el "nivel Leyenda".
Con Lodrino en Leyenda+, nos tocaba rezar para que bajase a lo largo de la semana. También habíamos ido a comprobar el Iragna, que "solamente" se encontraba en modo Leyenda, sin el plus. Así que lo más lógico era dirigirse al más seco de nuestro plan: Cresciano. Por estas fechas es fácil que el tramo superior esté seco. ¿Qué nos encontraremos?

No hemos alquilado ningún vehículo adicional, así que optamos por subir el coche lo más posible según el Libro y después del descenso, con las manos en los bolsillos, Alberto y yo subiríamos a buscarlo. Hay que dirigirse a Claro y allí coger una pista asfaltada. En lo alto del pueblo una barrera nos impide el paso. Hay que echar 10 CHF en monedas y no admite tarjetas. Y sólo teníamos 30 CHF en billetes. Así que bajamos en busca de un sitio donde cambiar. Un camarero simpático de un bar recién abierto nos cambia amablemente 10 CHF y vuelta a la barrera. Dejamos el coche en Censo - Moncrino y seguimos una senda a media ladera hacia el norte, bien marcada.

La aproximación es espectacular. La senda va atravesando pequeños grupos de casas (no me atrevería a llamarlos ni aldeas), donde la hierba está cortada con tijera, cada listón de cada cerca está en su lugar y hasta las setas son perfectas. ¡Si es que son más perfectas que las de los libros de setas! Y da la sensación de que la mayoría de esas casas están habitadas, a pesar de que no es posible llegar en vehículo hasta muchas de ellas.

Tras una hora larga de preciosa aproximación alcanzamos el inicio del barranco, junto a una captación de agua, con una misteriosa plataforma metálica de unos 6x6 m. Y deja de llover. Y sale el sol. Esto no ha empezado y ya me encanta este valle.

Al lío. Sólo corre un hilo de agua, ya que la captación se lleva el 99% a la central. Según la reseña nos esperan más de 50 resaltes. Los dos o tres primeros los saltamos, sin dudarlo. Es curioso, las pozas son verdes, y cubren más de lo que parece. Aparecen resaltes que nos obligan a poner cuerda. Muchos son monopuntos, aunque parecen superfiables. Veremos que esta es una tónica general en Ticino, donde encontraremos doble anclaje en los rápeles largos (>20 m). Empezamos a darnos cuenta de que con algo de imaginación, bastante conocimiento del barranco y un buen par de... piernas, muchos resaltes son saltables y/o toboganeables. Nosotros probamos varios de ellos, con ayuda de cuerda en algunos. Esto va pareciendo un acuapark. Eso sí, resbaladizo. Allí donde el agua sólo moja pero no arrastra, parece que la roca está untada con jabón.

Primeros rápeles.

Granito pulido, aguas esmeralda.

También hay que pararse y mirar hacia atrás.

En menos de 5 horas nos ventilamos el tramo superior. Éste se termina con un posible salto de 17 metros. Para el que lo quiera; no somos tan mayores. Vemos algún grupillo pequeño que entra aquí al barranco. Teóricamente, puede ser incluso más lúdico. El caudal ha crecido un poquito. Un par de rápeles y saltitos y llegamos a una lanzadera. Sin problema. Aparecen turistas, no barranqueros, que vienen a disfrutar de las pozas. Nos miran con cierta curiosidad, sin sorpresa: parecen acostumbrados a nuestros colores, hierros y saltos. El entorno se vuelve curioso: el valle se desencaja y el cauce parece discurrir por un saliente más que por el fondo de una grieta. Las formas son curiosas, la piedra es blanca y soleada. Podemos elegir diversas trayectorias. A Alberto le suenan todos los rápeles y saltos: ha estado meses empollándose los descensos. No saltamos ni toboganeamos todo, porque hay cosas para muy mayores y no nos la queremos jugar el primer día.

Zona de marmitas encadenadas en tramo abierto.

En un rápel con forma de tobogán, Alberto me dice: "Creo que éste es el Rompenucas, ¿lo vas a probar?". - "Sin verlo, no, voy a rapelar un poco". Al asomarme, veo que el tobogán se interrumpe y aparece un saliente a la entrada de la poza. No sé si la velocidad puede ser suficiente para llegar, y con ese nombre, paso de probarlo. Según bajo, veo que la rampa de roca se interrumpe para dejar una repisa en toda regla. Poca velocidad significaría un galletón considerable. Termino de bajar y me voy a verlo desde un lateral. Aquí no asusta tanto, pero no va sobrado. Alberto deja caer la saca y ésta cae al agua sin romperse nada ni quejarse. Así que, con su teoría de que él pesa más y, por tanto, llegará más lejos, Alberto se tira. Sin problema. La próxima vez sí lo haré. Siempre hay que dejar algo pendiente para volver.

A poco terminamos rapelando sobre tejados.

Vemos que varios grupos terminan aquí su descenso, pero el barranco continúa, así que nosotros también seguimos. Nos quedan 4 rápeles que, francamente, nos podríamos haber ahorrado. No son estéticos, ni aportan nada. Simplemente amargan un poco el sabor de boca de este barrancazo. La verdad es que teníamos grandes expectativas y, no sé si por el bajo caudal, el decepcionante final o nuestra precaución al afrontar saltos y toboganes, nos deja un sabor agridulce. Se queda con un mero notable alto; entra en nuestro top10, pero no lo encabeza.

Para volver, Alberto y yo tenemos por delante 550 m de desnivel y cerca de 2 horas de pateo. Decidimos seguir por la carretera hasta Cresciano y desde allí subir hasta Cavri, donde una pista nos llevará hasta el coche. Mejoramos notablemente los tiempos marcados en los carteles de los senderos, aunque creo que habría sido mejor opción seguir el sendero indicado en el Libro y dejarlo a la altura de Camezzei para buscar la pista anterior en Cavri.


Lunes 9: Val Iragna integral


Hoy ya luce el sol. Por encima de 2000 m se ve bastante nieve de ayer. No hace frío, pero la manga larga no sobra. Vamos a por alguno de los integrales que menos problemas den con el agua: Iragna.

Decidimos usar la misma estrategia que ayer con el coche: lo subimos hasta cabecera y ya nos preocuparemos de ir a buscarlo de vacío al terminar el barranco. La pista que sube hasta Citt es de pago. En este caso, hay que ir a Lodrino a sacar el ticket en una máquina junto al edificio de bomberos (una cochera). ¡Oh, sorpresa! Hay algo que no es perfecto en Suiza: la pantalla de la máquina es ilegible, está estropeada, aunque la máquina funciona. Se ofrecen dos posibilidades de ticket, a 5 CHF y 10 CHF. No sabemos realmente cuál es la nuestra, así que, como buenos españoles, optamos por la barata y ya nos inventaremos algo si alguien nos echa el alto... Seguimos sin monedas, así que una visita al súper nos abastece de ellas y de pan.

Hacemos caso al Libro y dejamos la furgo unos 200 m más arriba de la horquilla donde empieza el pateo. Son en total unos 30 minutos de paseo hasta el puente donde se inicia el descenso. Bajo él, el estruendo del agua pone seriedad en nuestros feos caretos. Nos va a tocar pelear, parece...


Entrando a la aldea de Citt.

En efecto, el primer rápel ya nos avisa de lo que será nuestro día: hay que cruzar el chorro y empuja con fuerza. El Libro nos invita a hacer tobogán en los últimos metros pero no nos apetece ser empujados por semejante caño contra la pared de enfrente de la poza. Rapelamos hasta el final.


El agua empuja, pero se deja.

Varios saltos, alguno de profundidad justa, y algún rápel nos dejan en una semicueva, desde donde tenemos un par de ellos encadenados. La recuperación se anuncia trabajosa, JaviL se da cuenta de que la cuerda para ello va justa y, para no perderla, no la suelta y se golpea en la mano. Consigue empalmar cuerdas y salir del lío, pero no ileso. Le duele la mano.


Alberto montando un pasamanos sobre roca enjabonada.

Seguimos rapelando mucho y saltando un poco. La reseña no termina de cuadrarnos del todo, pero alcanzamos el final del tramo superior en poco más de 4 horas. El lío de la recuperación y el caudal alto nos han retrasado sobre la estimación. JaviL y Ángel deciden salir aquí. Seguimos Esteban, Alberto y yo. Nos quedan dos tramos, con una estimación según el Libro de 4-5 h. Vamos justos de tiempo, así que hay que darse prisa.

El tramo intermedio se encaja más, la vegetación ya no está tan cerca. Aparecen saltos y saltos y saltos. Es mucho más lúdico y pierde tecnicidad. Al pie de un S5, noto que se me cae la mochila. La cinta de la cintura está desgarrada completamente, y la de la hombrera no parece tener mucha sujeción. ¡Y la mochila es casi nueva! Alberto me insiste en contactar con Rodcle, ya que eso no es normal.

El tramo intermedio termina con un rápel volado de 30 m precioso. Todos los pasamanos están ahora montados en fijo, lo que nos ha acelerado la marcha. ¡Nos lo hemos ventilado en una hora!

Llegamos al inicio del inferior, con una espectacular cascada de 40 m. Maravillosa. Me toca el primero y no puedo quitarme la sonrisa de la boca. En su base estoy en el ojo de una borrasca, con viento huracanado y cortinas de agua fría, y aún así no puedo dejar de mirarla. Es la respuesta a quien pregunta qué se nos habrá perdido en los barrancos.


La borrascosa C40.

Otro rápel y un saltito y llegamos al famoso tobogán megacurvado de 17 m. O eso dice Alberto. El caso es que me da 5 m de cuerda hasta una cortina de agua. Detrás no veo nada. Me asomo y sólo veo agua.
- ¿Seguro que es tobogán?
- Seguro.
- ¿Pero seguro, seguro?
- ¡Seguro!
- Esto, más que un tobogán, es un acto de fe, pero voy.
Me suelto de la cuerda y noto un giro hacia la izquierda. Sólo veo agua, primero agua en lluvia, luego agua pulverizada y finalmente aparezco en una masa de agua. Mola, creo, pero no me he enterado de la caraja. Salgo del meollo y doy el libre. Miro para atrás y veo que los dos últimos metros son en el aire. Pues ni me he enterado. La verdad es que se coge una velocidad elevada, pero al no ver, la impresión es muy curiosa. Después viene Esteban, que parece que ha hecho la curva con brusquedad y se ha hecho daño en la cadera.


La cuerda se acaba ahí. Soltarme fue un acto de fe...

Ya sólo nos quedan 3 resaltes y un par de minutos andando hasta la puerta de la casa. No hemos tardado ni tres horas en intermedio + inferior y con el caudal en modo casi leyenda.

Iragna nos ha gustado más que Cresciano, pero nos ha salido caro: Esteban, JaviL y Ángel ya no están al 100%. Ha habido que cortar la cuerda de Alberto, y yo me he quedado sin mochila y sin un ocho, que desapareció misteriosamente en el último rápel del intermedio.



Martes 10: Pontirone - Lesgiüna integral


Los tres lesionados se van a tomar el día con calma. Alberto y yo haremos un integral y ellos se nos unirán en el inferior. Elegimos Pontirone, de los más atractivos sobre el papel. Además, los lisiados nos pueden subir con el coche hasta el mismísimo inicio y luego dejarlo en el puente del final. Ellos sólo tendrán media hora escasa de pateo hasta el inicio del tramo inferior.

Paramos en el final del barranco, donde se puede intentar estimar el caudal, cosa complicada porque el lecho cambia cada año y no ofrece una referencia clara. Con un rudimentario ojímetro y unos elevadísimos conocimientos de hidráulica y matemáticas, estimamos un caudal de al menos 300 l/s, lo que lo sitúa en nivel "pre-Leyenda", según el Libro. ¿Qué somos, hombres o ratones? ¡A por él!

El tramo superior tiene casi 3 km. Huele a pateo por río, y así comienza. Al poco de empezar, la reseña no nos va cuadrando. Se ve una instalación para un resalte fácilmente destrepable, de no más de un par de metros... Eso es muy raro. Todo apunta a que desde que se escribió la reseña aquí ha pasado algo. Probablemente sea un barranco vivo y haya sufrido alguna crecida brutal que haya modificado varios resaltes y caos de bloques.

Primer encajamiento.

Con mucho de andar y poco de rapelar, las paredes van creciendo. Si bien no es muy deportivo, el cañón (lo de barranco se queda corto) se va haciendo más estético. A los dos nos recuerda a Olhadubie, aunque le da sopas con honda, claro. El descenso se ve salpicado de resaltes casi puntuales; la mitad los rapelamos, la mitad los saltamos.


Lúdico, pero sobre todo, estético.

Como la reseña no nos cuadra, no sabemos a qué altura estamos, aunque creemos haber superado la mitad del barranco. Nos encontramos ante el rápel más encajado, de unos 25 m, que va ganando verticalidad. El inicio es un pasillo estrecho, el agua empuja pero no presenta mayor dificultad, pudiendo además tirar de oposición. A la mitad, la cascada se abre, ofreciendo además varias repisillas desde las que saltar a la gran piscina. No hay resaltes a continuación, así que no hay duda de que estamos ante la última C30. Ni rastro del R24 o la C30 anteriores. Sin duda, la configuración del cauce ha cambiado, y las instalaciones con ella.


Prácticamente el único punto conflictivo con caudal.

La C30 desde abajo.

Tras un par de resaltes, entre ellos un impresionante S13 (más bien 10-11), y otros saltos menores, el cauce se abre. Estamos ante un inmenso caos de bloques, algunos del tamaño de casas. Sentados al sol, comiendo, hay tres individuos con sus aparejos desperdigados sobre la roca. Ángel, Esteban y JaviL no muestran gran sorpresa al vernos llegar al inicio del tramo inferior, y eso que a éste también le hemos ganado tiempo: unas 3,5 h, incluyendo una paradita para almorzar.

Comenzamos el tramo inferior con la misma tónica de destrepes entre bloques y de pronto se ve que la cosa se hunde. Nos acercamos al R42, que decidimos rapelar más lejos del agua, en lugar de por la cueva indicada en la reseña. No sé cómo sería el rápel de la cueva, pero el que elegimos es impresionante. Excepto los primeros metros, es completamente volado, con el chorro de agua abriéndose a nuestro lado. El más bonito hasta ahora.


R42. Puro Ticino.

El barranco se encaja ahora brutalmente. Del gran cañón que traíamos pasamos a una serie de pasillos estrechos y pulidísimos. Ya no hay vegetación. La "Terribile S" no resulta ser tan terrible y se resuelve con un pasamanos fijo y un salto final inclinando el coco para no darse con el techo. Algún rapelillo, nos inventamos un tobogán, un par de saltos y llegamos al final. ¡Qué intensidad! El estruendo del agua trata de impresionarnos pero no consigue más que entusiasmarnos. Aunque el caudal es más bien elevado, no hemos tenido que pegarnos con el agua en ningún momento. Y además hay instalación fija; se nota que es frecuentado por empresas. El mayor salto es a la badina final. Dos curvas y estamos bajo el puente que marca el final. ¡Qué corto, qué intenso! Si tuviésemos este tramo inferior cerca de casa, ¡lo haríamos todas las semanas!

Pues seguimos mejorando... ¡Yo quiero vivir en Suiza!


Miércoles 11: Combra - Val Malvaglia y Gordevio - Val di Gei


Cuarto día. Nos quedan dos integrales largas. Lodrino va bajando pero sigue alto. Lo dejamos para el viernes. Decidimos dedicar el día a barrancos más cortos. A pesar de que todos los días Ángel se ve obligado a decir Ticinetto, que rima con parchís, es uno de los más caudalosos del valle, así que seguimos el plan de Alberto y nos vamos al Combra.

Aparcamos en la entrada de la presa del final y empezamos a andar. Es el día más fresco y nos vamos al cañón de mayor altitud. Hoy da un poco más de pereza arrancar. La aproximación es llevadera, apenas media hora, y sin pérdida.

Cruzando la presa. El barranco está al otro lado.
Primer resalte. No hay instalación. Según el Libro, está en modo "Turista plus". Pasamos de instalar a una escalera del azud inicial y destrepamos fácilmente. El agua está fría. Tras los primeros resaltes, comprobamos que no estamos en uno de los grandes descensos, aunque empezamos a divertirnos con algún salto y algún tobogán.

JaviL, optimista ante la recuperación de la cuerda...

A mitad del descenso llegamos a su principal atractivo, que lo hace famoso: un tobogán de 20 metros. El Libro dice que, si no lo tienes muy claro, ni lo intentes. "El chorro puede arruinar tu trayectoria", "Cuando casi has alcanzado la velocidad de la luz, un cambio de gradiente te parte en dos", son frases del Libro para describir el tobogán. Casi siempre somos Alberto y yo los que probamos las cosas; esta vez va él primero, que yo soy padre. Se deja unos 5 metros de cuerda, hasta el punto donde la rampa se abre un poco y se homogeneiza. Rapela hasta ahí, y en el momento de sentarse, coger postura y soltarse de la cuerda, el chorro de agua le voltea. Empieza a deslizarse de lado, agitando brazos y piernas, como una cucaracha boca arriba. En un instante ya ha recorrido la rampa y se acerca al final, donde la curvatura que dice el Libro le proyecta un poco hacia arriba y termina de hacerle girar. Creo que primero entra en el agua un brazo, luego la espalda, la cabeza, y por último los pies. Ileso, la poza es grande y está muy emulsionada. No se puede decir que haya sido un éxito y me toca decidir si lo hago o no. Los otros tres yayos se han rajado y están rapelando. ¿Qué estoy dudando? ¿A qué he venido? Lo único, me voy a dar un par de metros más de cuerda...

Rapelo un poco más hasta donde la roca es más lisa y el chorro ya está un poco más abierto. Me quedan 20 cm para el final de la cuerda y el chorro me desequilibra; lo mismo que le ha pasado a Alberto. Pero yo aún no he soltado la cuerda. El agua me sigue empujando hacia los lados hasta que en un instante veo que estoy en buena posición, con línea recta hasta la poza. Es el instante de soltar. Perfecto, sin golpes, sin brusquedades y con una sonrisa final.

Tobogán Fantasía, con resultado satisfactorio.

El resto del barranco ya no tiene un gran interés y lo recorremos sin mayores complicaciones salvo por lo inmensamente resbaladizo de la roca. El final resulta curioso, justo a nivel del embalse y bordeando el singular aliviadero en forma de embudo.


Nuestro siguiente destino está a una hora de coche. Aprovechamos para comprar pan en Biasca y hacer una paradita en la oficina de HeliTV, en el aeródromo de Lodrino, planificando el Osogna del día siguiente. Amable pero escuetamente nos indican que un vuelo en helicóptero para 4 personas son 180 CHF. Pedimos que nos reserven para subir a Osogna - Nala. No nos cogen ni nombre ni nada y simplemente nos dicen que nos presentemos a las 7 de la mañana...


Seguimos carretera hasta Gordevio. Hay que cruzar Locarno, la carretera es eterna por su lentitud, tráfico y cantidad de pueblos. Menos mal que Locarno se cruza por debajo, gracias a un gran túnel.

Haciendo caso al Libro, aparcamos en una explanada junto al río. La aproximación propiamente dicha comienza a unos 250 m, en el puente de piedra donde termina el descenso. Comprobamos que el caudal está en modo "Turista", sin plus ni nada. Tras unos 10-15 minutos de subida, dejamos el camino marcado y nos adentramos en una estrecha senda, con pasos expuestos sobre nuestro barranco. Hay algunas cuerdas fijas para ayudarse.


Observando el caudal en el puente final.

El descenso empieza con un tobogán y, casi sin descanso, se suceden más toboganes y saltos, con algo de ayuda puntual de la cuerda. Enseguida llegamos a la C45, que se puede descender hasta una repisa a 14 m del final, pero yo decido rapelarla entera, por el agua. En el final del rápel, el agua se concentra en una grieta junto a la pared. Empuja, aunque se deja. ¿Esto es modo Turista? ¡Pues cómo será el Leyenda...! Otro rápel de 30 por el agua y un par de saltos que no vemos claros, así que rapelamos, y se termina el descenso. Muy chulo, cortito, nos ha gustado.


Tobogán inicial.


Final de la C45.


¿Seguro que esto es modo Turista?

A casa, que mañana madrugamos.



Jueves 12: Osogna - Nala integral


Madrugón. Si soy capaz de levantarme a las 5 de la mañana para ir a currar, ¡no me importa en absoluto hacerlo para que un helicóptero me suba a un barranco del Ticino! Nos presentamos en la base de HeliTV poco antes de las 7. Nos identificamos como "los del Osogna" y pagamos. Nos damos prisa para estar listos. Hay dos grupos delante. Preparan el helicóptero y llaman al primer grupo, unos andaluces que suben al Cresciano. No pasan 5 minutos y el pájaro vuelve a por unos senderistas. Y a continuación nos toca. El pobre Ángel nos graba mientras los demás montamos. No se siente capaz de hacer el integral y se nos unirá en el tramo inferior. ¡Qué duro debe ser quedarse con las ganas!


Foto de grupo con el pájaro.

Apenas nos ha dado tiempo a abrocharnos el cinturón y despegamos. Sobrevolamos el Cresciano y nos introducimos en el valle del Nala. Imposible tratar de memorizar algún detalle del cauce a esta velocidad. Sobrevolamos un pequeño cordal y el piloto deja caer el helicóptero. Ralentiza y se dirige a un pequeño claro, donde hay una minúscula plataforma ¡hecha con 4 tablones! Aterriza. No le sobrarán más de dos metros. Bajamos y se van. 4 minutos antes estábamos en el fondo del valle, con Ángel; ahora estamos ante un descenso de 8 a 12 horas. Ya sé para qué sirve la plataforma metálica que había en el inicio del Cresciano...

En este caso, el "helipuerto" (así lo llama un letrero) no está junto al cauce. Seguimos las marcas azules que nos llevan junto a unas casas. Tras 5 minutos andando, no vemos ninguna otra marca, así que volvemos sobre nuestros pasos y tomamos una senda sin balizar que baja por el bosque hasta el cauce. Hay unas construcciones hidráulicas abandonadas, y los resaltes que vemos no encajan con la reseña. Bueno, no sería la primera vez...

Rapelamos desde unos tubos metálicos por los restos de una escalera, desde un tronco de árbol y desde un maillón oxidado en los resaltes que encontramos. Hay bastante más agua que la que habíamos visto abajo, en el pueblo de Osogna. Un poco más adelante llegamos a una captación de agua ¡que se la lleva toda! No deja ni una gota. Ahora sí estamos en el inicio del descenso. Hemos hecho el Nala súper-superior, jejeje.


Primeros pulidos.

Empiezan los resaltes y enseguida aparece un hilillo de agua. Menos mal, no haremos el barranco seco. La roca se va puliendo y aparecen toboganes. Pero Alberto rapela casi todo. ¡Y no habla! No está. Se ve que eso de madrugar no le ha sentado muy bien. Bajo el puente que marca la mitad del tramo superior, hacemos tobogán hasta una gran marmita trampa. Muy justo, todos tocamos con la zona donde la espalda pierde su nombre. La salida de la marmita tiene cuerda fija. Siguen dos rápeles arrampados, más abiertos, y volvemos a zona de pateo, con algún otro rápel más. Tras la pasarela que marca el final del tramo superior, hacemos una paradita para almorzar.

El tramo intermedio empieza con la misma tónica: marcha salpicada de algún rápel. Llegamos a la cabecera de la C38. ¡La piscina inferior tiene un poquito de sol! Me toca el penúltimo. Un primer tramo rapelando por el chorro y se verticaliza, apareciendo entonces un súpertobogán hasta el agua. Lástima que la cuerda está larga y no es fácil soltarse en mitad, pero hace una pinta estupenda. Otra C35 soleada y el agua se mete por una grieta. Precioso. Este descenso va mejorando según avanzamos. Un par de rápeles más y tras andar un poco nos encontramos a Ángel, que nos dice que ha remontado un poquito desde el inicio del tramo inferior. Aprovechamos para comer otro poco, por supuesto.


El cauce se encaja en una grieta.

Empezamos el último tramo (realmente era el último resalte del tramo intermedio) saltando una cascada de unos 10 m, como en una de las fotos del Libro. Ángel nos graba desde abajo y podemos comprobar cuánto nos hundimos en el agua. ¡Pues no lo parece!


A medida que avanzamos el caudal aumenta.

Un rápel de 30 m nos introduce en un pasillo estrecho. Varios resaltes seguidos entre granito pulido. El cañón se abre unos metros y ahora toca colarse en otra grieta, con un rápel de 50 m regadito, regadito. Maravilloso. Al final, todo el chorro se concentra en un canal antes de precipitarse violentamente en una minúscula marmita. Otro rápel encajado y el cañón se abre. Se ve el pueblo ahí cerquita. Estamos ante un resalte con panza, no se ve el fondo. Pero a la derecha hay un pasamanos en fijo. Me acerco por él y compruebo que pinta a un vertical T15. Alberto me dice que esta vez me toca a mí, así que voy para allá. Por inútil, tras soltarme e ir a deslizarme, me atasco con el propio pasamanos y me quedo colgado malamente del brazo. Pero finalmente hago el tobogán y mola. Alberto lo hace también y decide repetirlo.


C50. ¡A tragar agua!

Un par de rápeles y llegamos al salto final, con bastantes espectadores.


Salto cerca del final.

Osogna no ha sido el más espectacular. Es un cañón de envergadura, que va de menos a más. El tramo inferior es claramente el más interesante y lúdico, pero para mí el conjunto merece mucho la pena.

Nuevamente, hemos mejorado los horarios marcados por el LibroY, aunque se va notando el cansancio, Alberto y Ángel deciden irse al Iragna inferior, que les da tiempo.



Viernes 13: Val Lodrino intermedio + inferior


No había mucho que pensar. Según las referencias, el caudal del Lodrino ya era perfectamente abordable, con un sencillo "Turista - Turista+". Sin embargo, excepto un servidor, no había muchos ánimos por meterse también la paliza del tramo superior, el más largo de los tres y a priori el menos interesante. Bueno, siempre hay que dejar algo como pretexto para volver... Así que decidimos subir el coche al aparcamiento superior y hacernos los tramos intermedio e inferior. Esta vez es JaviL el que no se encuentra bien, por su mano, que no le responde bien, así que nos sube y nos esperará en la salida. La pista es de pago, pues es la misma que para subir al Iragna.

El sendero de aproximación es vertiginoso, por cornisas en mitad de pared. Incluso hay algún paso donde no estorbaría un pasamanos. Sin embargo, no gana mucho desnivel, por lo que no resulta un gran esfuerzo.

Tras disfrazarnos por última vez, empezamos con un par de saltos y llegamos a la cabecera de un cascadón de 47 m. A los pocos metros de descenso toca cruzar el chorro, que no es pequeñito... Luego todo se abre y simplemente se disfruta de la lluvia sobre una pared hiper-resbaladiza. Este rápel nos mete en un cañón de paredes muy altas, imposible escapar. El resto son pequeños rápeles o saltos, sin gran complejidad, aunque el agua empuja.

Cruce de chorro en la C47.

Lo mismo, desde abajo.

El cañón se abre y se termina este tramo intermedio, en una horita apenas. Llegamos a la pasarela que marca el inicio del inferior y comemos un poco. Justo en ese instante llega otro grupo de unas 10-12 personas. Como no parecen tener mucha prisa, espabilamos para recomponernos y empezar antes, que sólo somos 4.

Entramos en materia con el tobogán rompetobillos, que hacemos con velocidad moderada. En efecto, parece que el peligro es una curva que te lanzaría contra la pared derecha con violencia directamente proporcional a tu velocidad. Un par de saltitos después llegamos al "Tube". No llevábamos la descripción, así que no recordamos que el Libro indica tomar una repisa por la derecha y saltar desde ella. Destrepamos junto a un bloque y nos encontramos con un tobogán lateral que se precipita en un embudo, con todo el chorro cayendo a él. Pues no se me ocurre otra cosa que hacer un pequeño salto-tobogán de esos del Warren Verboom para caer en el centro justo del embudo. Éxito. Los demás me siguen. Estamos ahora metidos de lleno en un pasillo sinuoso de paredes hiperpulidas. Esto es precioso. Sonrisas de oreja a oreja. Sólo nos falta ir diciendo ¡Ohhhh, ohhhh!, como viendo fuegos artificiales.

Pulidos, pulidos, pulidos y ¡agua!

Rodeamos un superbloque y vemos un pasamanos por la izquierda, aunque el agua se tira por un evidente tobogán. Éste sí lo recuerdo, el Libro lo describe: "Un potente tobogán, casi vertical, gran devorador de mochilas, sacas y todo lo que se te ocurra echarle, incluido tú mismo si no vas con cuidado". Se lo comento a Alberto: "Este es el tobogán que se lo traga todo". Y va y me dice que me toca primero. Otro pequeño saltito a lo Verboom y ¡adentro! Salgo sin problemas. Mola. Le digo a Alberto que me tire la mochila. Y va y se la echa al tobogán. Y se la traga, claro. Este tío es tonto. Yo no la veo salir y la corriente me impide nadar hasta la recepción. Los del pasamanos no la ven. Así que le toca a Alberto buscarla. Hace el tobogán y está atento a quedarse al pie de la cascada, donde estaba la saca, dando vueltas a su bola en un remolino lateral. Bueno, sólo ha sido susto.

Alberto ante el tobogán tragacosas.

Siguen los pasillos sinuosos con un rápel y otros saltitos menores. Se abre un poco y se vuelve a cerrar. Un salto claro. Pasamos más tiempo nadando que andando. El suelo se abre en forma de V desde la pared izquierda. El agua cae en vertical por la derecha y la pared izquierda hace forma de cuenco. Este se lo sabe Alberto, que salta contra la pared y se desliza hasta meterse por la cortina de agua. Se pone a chillar como si se hubiese clavado una punta en el pie, pero sonríe, así que ha salido bien. Me toca. Gozadón.  Nos estamos aficionando a esto de saltar contra la roca para luego deslizarse... Seguimos con otro tobogán-saltito y aparece un pasamanos por la derecha. Al final, un piscinón redondo y profundo. Me dejo caer del pasamanos pero me golpeo la barbilla contra el agua, y mis dientes se chocan unos con otros. Tres cachitos a tomar viento. Tontería de salto (apenas 5 metros) y mala suerte...

Pero esto sigue. Se abre un circo ante nosotros. Es una C45, en la que de nuevo toca cruzar el chorro, que pega fuerte, y después a gozar con la lluvia sobre pared resbaladiza. Cuando llego abajo, veo que esta foto yo la he visto. Impresionante. El agua es escupida lateralmente casi desde lo alto de la cascada y va describiendo un arco que se va rompiendo contra la roca. Y todo pulido.

La famosa C45.

Toca andar un poco y destrepar entre bloques y alcanzamos los dos últimos rápeles. En lugar de usar la reunión que nos llevaría por el agua, subimos por una cuerda fija con pasamanos que nos lleva hasta otra reunión en la margen izquierda. Desde aquí, rápel volado con fotaza de JaviL, que ya nos ve desde abajo. Último rápel y puedo añadir al gran Lodrino a la lista de muescas de mi ocho. Y diría que en primera posición. Rápeles técnicos, saltos, toboganes y mucha agua. Esto era modo "Turista"; el modo "Leyenda" aquí tienen que ser palabras muy mayores.

Ventana para ver el volado, en el final.


La cruda realidad


Sábado por la mañana. Toca volver, que el lunes se curra y tenemos 20 horas de viaje. Nos planteamos hacer un último barranco por la mañana, pero ganan la sensatez y el cansancio acumulado. Meterse semejante paliza de viaje ya es un esfuerzo por sí mismo, como para encima añadirle el cansancio de un barranco. ¡Y eso que nos habíamos masturbado la mente durante la semana pensando en una paradita en Freissinnières...! Pero tenemos que contar también con una mano como un botijo, una cadera dolorida, una rodilla muy tocada, un moratón en un brazo fofo y tres dientes mellados. El único que parece haber librado es el juvenil. Seguro que, además, Lorena y los niños lo agradecen. ¡Bastante contento estoy ya con haber podido hacer este viaje!

No nos complicamos la vuelta y seguimos la misma ruta y la misma estrategia con las gasolineras. A las 04:30 me meto en mi cama.


Aprendizajes sobre Suiza, el Ticino y sus barrancos



Ha sido mi primer viaje de esta clase: una semana barranqueando sin parar, lejos de casa. El equipo ha sido ideal. Todos teníamos total autonomía y nos hemos compenetrado a la perfección. 5 ha sido un buen número. Y hemos aprendido cosas sobre el Ticino, que comparto por si a alguien más le ayudan:
  • Idioma: en el Ticino se habla italiano. Todo está en italiano, todo el mundo habla italiano. No sabemos qué alcance tiene el alemán, porque no lo hablamos; supongo que será el segundo idioma. Y entre inglés y francés, siempre han preferido hablar en francés. Pero no todo el mundo los habla.
  • La moneda suiza es el franco suizo (CHF), también llamado por nosotros "chuf" (menos por Alberto, que no sabía de qué hablábamos...). En muchos sitios cogen euros, pero es fácil que te apliquen un cambio 1:1, poco ventajoso para nosotros (en nuestro viaje, el cambio rondaba 1 CHF = 0,91 €).
  • Respecto de la comunicación telefónica, el roaming no es gratis ya que Suiza no pertenece a la UE. Las llamadas sin ningún bono o contrato previo pueden alcanzar los 2 €/min y los datos, 6 €/día. La mejor opción, creemos, es comprar una tarjeta de prepago suiza, con la que poder llamar a las centrales hidroeléctricas que controlan las presas y captaciones de agua, y llamar a España mediante guasap.
  • Suiza no es caro, es carísimo. Una simple barra de pan anda por unos 2 CHF, una cerveza en un bar normalito en unos 4 CHF, una pizza ya se sube a casi 30 CHF... Si vuestro presupuesto es ajustado, llevad la comida desde casa. A nosotros nos ha salido el viaje por algo menos de 450 € por cabeza, helicóptero incluido. A Ángel un poco más, por eso de los neumáticos, aceite, ITV...
  • Los suizos son gente discreta y respetuosa. En los pueblos es muy frecuente que cada vecino tenga su plaza de aparcamiento en la calle, y eso se respeta. A los barranqueros se nos pide discreción y respeto, con cosas como no ir dando voces o no despelotarse y montar el mercadillo de material en la plaza del pueblo. Nosotros lo hemos procurado, y la gente con la que nos hemos encontrado ha sido amable con nosotros.
  • En cuanto al famoso Libro, es una guía imprescindible. ElDorado Ticino indica bien las aproximaciones, tiene reseñas bastante acertadas y da consejos y descripciones de los barrancos sin revelar todas sus sorpresas. Como pequeñas notas:
    1. Los tiempos de aproximación son justos. Hay que conocer el camino y no entretenerse; más bien, ir ligeros.
    2. Los tiempos de descenso indicados son asequibles, si no hay exceso de agua. Nosotros los hemos mejorado sistemáticamente, sin conocer ni uno solo de los descensos, siendo entre 2 y 5 en el grupo. Eso sí, creo que íbamos bien compenetrados, y todos llevábamos cuerda para poder ir instalando varios rápeles en cadena. No hemos corrido, pero no nos hemos dormido.
    3. Las longitudes de los rápeles están mayoradas. Hemos podido descender varios R30 con una cuerda de 54 m, por ejemplo. Y las alturas de saltos y toboganes, también nos lo han parecido. No hemos medido ninguno, pero donde pone S10, nos han parecido siempre unos 8 m.
    4. Si pone andar 150 m, nos va a parecer bastante más. Hay más tramos muertos de los que parece en las reseñas.
    5. Como es lógico, los barrancos están vivos y cambian. Alguna reseña ya no está muy acertada; creemos que no son errores sino reinstalaciones y cambios de configuración de caos de bloques por crecidas.

  • Las aproximaciones a los barrancos están balizadas con unas marcas azules: bien un simple punto gordo, bien un triángulo con tres pequeñas olas. Los senderos no barranqueros, aunque a veces coincidan, están balizados en general con líneas rojas y blancas.
  • ¿Combinación de coches? Llevábamos sólo un coche, y nos ahorramos los pateos de Pontirone, HeliTV-Osogna y Lodrino porque algún compañero se sacrificó. Si no nos importa andar, se pueden hacer con un solo coche; una opción económica que estuvimos meditando fue alquilar una bici para ir a recuperar el coche de las cabeceras. Y el helicóptero, la mejor de todas; ¡poco más que el precio de una pizza y una cerveza! Pero también hay que pensar cómo ir luego desde el final del barranco a la base de HeliTV.
  • Respecto de los propios descensos, podemos ir a tramos cortitos o a integrales. En este caso, son recorridos largos. Si además vamos a estar varios días, no es raro que nuestro material sufra, así que es conveniente prever que "perdamos" algo. Fue buena idea llevar una mochila de más, ochos o cuerdas de sobra. Incluso llevábamos algún segundo par de botas. Los roces están a la orden del día. Llevábamos cuerdas de 9 y 10 mm, y optamos por hacer casi toda la semana con las de 10, a pesar de su mayor peso y volumen. Hay que estar preparados para gestionar bien los roces si no queremos cargarnos las cuerdas el segundo día: antirroces, desviadores, descensos en doble, sistemas desembragables... Hay muchas aristas y algunas de ellas asesinas.
  • La época elegida fue la ideal. Vistos los caudales, en pleno verano algunos todavía pueden estar intocables. Y si esperamos a octubre, ya hará más frío, como para que sea un problema más que tener en cuenta. Y puede nevar, que estamos en los Alpes... Y con Cresciano, simplemente tuvimos suerte. Final de agosto o septiembre parece el periodo perfecto.
  • Alberto se empolló vídeos, reseñas, blogs, fotos y todo lo que encontró sobre el Ticino. Yo preferí no buscar casi nada salvo lo indicado en el Libro para dejar sitio a la sorpresa. ¿Quién acertó? Esa pregunta no tiene respuesta. Gracias a él, hasta el primero pudo probar algunos de los toboganes más famosos; por mi parte, me sentí como un niño con zapatos nuevos cada vez que iba descubriendo un nuevo rincón o me inventaba un nuevo tobogán (que luego Alberto me confirmaba que lo había visto ya en Youtube...). 


¡Gracias!


Este viaje no habría sido posible sin los preparativos y ganas de mis cuatro compañeros, pero desde luego a quien más se lo debo agradecer es a Lorena, por regalarme el Libro, dejarme usarlo y quedarse cuidando de los nenes mientras yo iba a escornarme a 1500 km de casa. Gracias, cariño.